La lealtad, esa necesidad de serme fiel

Se habla mucho de la lealtad a las personas que nos rodean y, cómo no, de la lealtad de nuestros compañeros animales. Pero poco se nombra la lealtad hacia nosotras y nosotros mismos, es decir, esa necesidad de ser fiel a lo que soy para, así, vivir en harmonía y paz conmigo y con mi vida.

¿Qué es la lealtad entonces? Es seguir el camino que siento como propio, sin desviarme de él digan lo que digan los demás, viviendo en coherencia con lo que siento y pienso y atendiendo mis necesidades, escuchándome y, cómo no, ampliando mi autoconocimiento y practicando la aceptación hacia mí mismo/a, tanto de aquello que me gusta de mí como de aquello que no me gusta.


Sólo en lealtad conmigo misma florezco, crezco, me alimento y aprendo todo lo que tengo que aprender.

Y sólo en lealtad camino el camino elegido, recojo los frutos sembrados y cultivo los amores escogidos en los seres que se cruzan en mi camino.


Ahora bien, ¿qué pasa cuando he perdido algo o alguien muy querido, me he roto por dentro y ya no sé ni lo que soy ni lo que quiero?

Cuando estás en duelo la lealtad es, si cabe, más importante todavía. Puede que no sepas quién eres, pero sí sabes lo que sientes y eso te dará muchas pistas sobre cómo ser fiel contigo misma/o.


¿Cómo practico la lealtad si estoy en duelo, entonces?

  • Sé consciente de lo que necesitas en cada momento: cuando no sabes nada, siente. Siente si lo que estás haciendo justo en ese momento te hace bien o te hace mal. Siente si la gente que te rodea te acompaña o te pone trabas. Siente si ese compromiso de esta noche te aportará algo que necesitas o hará que tu energía mengüe aun más. Siente si los consejos que te dan se ajustan a tu sentir o no. SIENTE.

  • Permítete vivir conforme a ese sentir: si necesitas hablar de tu ser querido o de eso que has perdido, busca con quién hacerlo. Si necesitas expresar tus emociones y sacarlas de la jaula de tu pecho, donde las habías encerrado, busca la forma de hacerlo. Si necesitas soledad, cultívala. Si necesitas compañía, búscala. Si necesitas entrar en el dolor y dejar salir toda la tristeza, la rabia, la culpa y la desesperación, hazlo.

  • Intenta ser coherente con lo que sientes y necesitas: en la línea del párrafo anterior, no te resistas a tus necesidades, ya que eso sólo aumentará tu malestar. Permítete, en la medida en que puedas, que tu vivir sea un reflejo de lo que sientes que necesitas. Hay cosas que no podremos omitir, obligaciones que no podemos obviar, pero con el resto de tu tiempo y de tu vida, haz lo que necesites y vive en coherencia. Si alguien te dice que lo mejor es que te deshagas de todas las pertenencias de tu animal, recientemente fallecido, pero tú quieres conservar sus cosas y todavía no te sientes preparada, consérvalas. Si alguien te dice que salir de casa te irá bien, que tienes que divertirte aunque no te apetezca porque eso te hará sentir mejor, pero algo dentro de ti dice que no, que eso no es lo que te hará sentir mejor, hazte caso.

  • Establece límites claros: lo he dicho muchas veces, pero no me cansaré de repetirlo. En su afán de ayudarnos, de ahorrarnos sufrimiento, los que nos rodean parecen saber, mejor que nosotros y nosotras, lo que necesitamos. En sus intentos bienintencionados de ahorrarnos dolor, nos pueden dar consejos o empujarnos a hacer cosas que no queremos. Dilo, de la mejor forma que sepas, pero dilo. El amor que sentías por lo que has perdido se merece que puedas llorar, que puedas gritar y que puedas quedarte en tu casa sin ganas de ver a nadie. No hay reglas, sólo tu sentir.

  • La lealtad también es autocuidarte: comer algo aunque sea un zumo o una infusión. Tumbarte un rato en la cama aunque no duermas. Salir un rato a caminar al aire libre aunque te falten fuerzas. Mantener tus hábitos de higiene aunque te parezca lo menos importante del mundo. Porque, para transitar este duro camino del duelo, necesitas estar en las mejores condiciones posibles. Y porque, cuando llegues al final de este duro camino, necesitarás volver a abrazar la vida.

  • La lealtad también es autoaceptarse: habrá momentos en que no te soportes, en que estés tan cansada de todo que no entiendas como puedes seguir, en que quieras rendirte y en que no te aguantes ni a ti misma/o ni a la situación que te ha tocado vivir. Tómate un descanso, ríndete, permítete no poder más. Acepta tus límites, que tus energías no duran siempre y que la lucha del duelo es agotadora y, a veces, acaba con nuestra capacidad de seguir. Tómate un descanso, también te lo mereces.


Y, por encima de todo, recuerda...

No eres tu tristeza, no eres tu dolor, no eres tu pérdida, ni tu culpa, ni tu rabia

Eres tú, rota, hecha pedazos, pero en proceso de reconstrucción, de reinvención

Yo confío en ti


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