Eutanasia: la palabra más temida

A medida que nuestro compañero o compañera animal va cumpliendo años, o cuando nos confirman que tiene una enfermedad incurable que en el futuro le puede causar sufrimiento, surge la palabra más temida para todos los que amamos a nuestros animales: eutanasia.

Sólo con leerla se te hiela la sangre, ¿verdad? Saber que en un futuro más o menos lejanos tendremos que tomar la decisión de ayudar a partir a nuestro amado compañero nos llena de terror. Sólo imaginar que su vida y la tijera que la corte está totalmente en nuestras manos... ¿hay imagen más terrible que esa? ¿Decisión más injusta carga más grande? No, posiblemente no.


Pero la eutanasia es algo más, algo mucho más grande que todo eso: es el acto de amor incondicional supremo, el mayor reconocimiento que podemos hacer a lo que sentimos por nuestro animal.

¿Por qué? Porque dejar ir su cuerpo físico para que no sufra más dolor significa apartarnos de lo que amamos y reconocer que, por mucho que queramos, no podemos seguir atando a ese ser a nuestra dimensión física. Sabemos que nos romperemos, que el dolor será indescriptible, que seguiremos adelante a duras penas durante un tiempo y que su recuerdo y su presencia, al principio, no nos traerán amor, sino tristeza, culpa y dudas, muchas dudas. Pero aun y así lo hacemos: porque los amamos, porque queremos darles el final digno que ese vínculo especial e irrompible se merece.

Pero aunque la decisión la tomemos desde el amor, las dudas y las preguntas nos abruman con una fuerza que, a veces, nos somete. Algunas de las preguntas solemos hacernos, que yo misma me he hecho, son:

  • ¿Cómo sé que es el momento?

Mira a tu animal a los ojos, con sinceridad, amor y, por un momento, dejando a un lado el miedo... ¿qué ves? Exacto, verás comprensión, cariño y permiso para hacer lo que tienes que hacer. En última instancia, si dudas de ti y de todo, pregúntate, ¿lo mantengo a mi lado por él o lo hago por mí, por mi incapacidad para dejarlo ir? La respuesta, si eres sincera contigo misma, te llegará de forma clara. Es de humanos dudar, pero más aun lo es amar.

  • ¿Cómo viviré con la culpa de haberlo "matado"

Tú no has matado a nadie, lo que has hecho ha sido proporcionar un final digno de una forma indolora y totalmente respetuosa con tu animal y con su final. Prueba a cambiar la palabra culpa por responsabilidad. Tuya es o era la responsabilidad de no dejar que tu animal sufra, de facilitar que se vaya de la mejor manera posible y de que lo haga rodeado de aquellos que lo aman. Igual que, en vida, tu responsabilidad era proporcionarle todo lo que necesitaba para su bienestar y felicidad, también lo es hacerlo en su muerte.

  • ¿Y si aun no se quiere ir?

Es difícil saberlo, a menos que seas comunicadora animal y que puedas preguntarle directamente a tu compañero o compañera animal. Pero, con el alma en la mano, tú sabes cuándo es el momento. Lo sabrás por cómo te mira, por cómo se siente, por cómo ve el mundo a través de los ojos que antes todo lo exploraban, por cómo el dolor avanza, por cómo el final se acerca. Ellos saben mucho antes de que nosotros podamos aceptarlo que el momento ha llegado. Muchas veces, somos nosotros los que somos incapaces de ver más allá de nuestro apego, nuestro miedo y nuestro dolor.

  • ¿Realmente está sufriendo?

Pregúntate si, en su misma situación, tu sufrirías, física o emocionalmente. ¿Serías feliz postrado en una cama sin poder moverte, dependiendo de los demás para hacer pipí, para poder hacer caca, para ingerir comida o para cambiar de postura? ¿Serías feliz sin ver el sol cuando antes te encantaba el aire libre? ¿Serías feliz con dolor constante, o narcotizado para no sentir el dolor? O, por el contrario, preferirías recordar todo la felicidad que has vivido junto a tu familia, cerrar los ojos por última vez e irte en paz? Recuerda que seguir en este mundo no siempre es estar vivo. Sufrir tiene muchas interpretaciones, amar sólo una.


  • ¿Sufrirá? ¿Cómo será?

Asesórate con tu veterinario de confianza y hazle todas las preguntas que necesites. Es un proceso lleno de calma y de paz donde, primero, se duermen, para después traspasar.

Recuerda que, en la mayoría de ocasiones, nuestra imaginación tiene el gran poder de mostrarnos lo peor que puede ocurrir, sin que esto llegue a ocurrir jamás.

Pese a lo doloroso de la decisión, es un momento que está pensado para ser vivido desde el no dolor, desde la calma, la serenidad y el sosiego.

  • ¿Y si no puedo soportarlo?

Hay fuerza en ti, la hay en todos vosotros. Podemos soportar mucho más de lo que pensamos y lo haremos porque sabemos que, de lo contrario, nuestro animal se iría solo, sin la presencia y el amor que le hemos dado durante toda su vida.

Lo soportarás, aunque las semanas siguientes tengas que lidiar con las imágenes del proceso que se te han quedado grabadas, aunque sientas que jamás lo recordarás fuera de ese último y doloroso momento, aunque pienses que ya nada podrá diluir cada uno de los colores, formas, sonidos y olores que compusieron vuestros últimos momentos juntos. Eso también pasará. Poco a poco los cientos, miles de recuerdos que habéis atesorado reaparecerán para revivir a tu animal des del amor y el agradecimiento.


Decidir ayudarlo a irse, estar a su lado en ese momento, poner la mano en su pecho mientras este sube y baja hasta detenerse, llorar y seguir llorando, preguntarte si has hecho lo que debías y sentir que jamás acabarás con ese dolor forma parte del proceso de duelo que has empezado y que algún día acabará.


Pero recuerda, no hay nada más incondicional que el esfuerzo supremo de dejar ir aquello que nació libre y que llego a nuestra vida para regalarnos su presencia y su amor. Ellos, en realidad, no son nuestros. Son seres de luz que alguien nos ha prestado para acompañar e iluminar una parte del camino.

Yo confío en ti, no estás sola.

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