Cuando sientes que no puedes más

"Hoy siento que no puedo más", me cuenta María (nombre ficticio) en consulta online. "Cada día es una lucha, cada día es una guerra, conmigo misma y con todo lo que siento, pero hoy siento que no puedo luchar más. Estoy asustada."

"Estás agotada", le respondo. "El proceso de duelo es agotador, tu pérdida muy dura y lo que estás viviendo una pesadilla. Normal que estés cansada, normal que sientas que no puedes más." María me mira y espera. Sus ojos parecen pedirme que le dé algo que la alivie de todo lo que está viviendo y sintiendo, aunque sea por unas horas. Ella sabe, igual que yo, que no hay píldoras ni varitas mágicas que aceleren el proceso o que disminuyan su dolor, pero a veces no puede evitar desear que existan. "¿Y qué pasa, le pregunto, si hoy no puedes más, si te permites no poder más, si dedicas el día a nada, a no luchar, a no hacer, a rendirte y a dejarte estar?" Me mira como si acabara de explicarle que he visto un elefante rosa volar tras la ventana, pero veo en sus ojos que la idea de dejar de luchar, de rendirse al momento de agotamiento, aunque sea por un rato, la atrae y la aterra a la vez.


El proceso de duelo, como hemos dicho tantas veces, es un camino que hay que transitar. No podemos quedarnos sentadas y sentados, esperando a que el tiempo lo cure todo y haga por nosotros lo que es nuestro trabajo. Es como si me rompo una pierna y me siento a esperar a que se cure sola y a que, además, a ser posible no duela.

Pero hay días que no podemos más. Días en que la situación nos supera, las emociones nos desbordan, nuestra voluntad de seguir adelante flaquea y sentimos y pensamos que, hagamos lo que hagamos, no hay esperanza, no hay salida. Estamos emocional, psicológica, cognitiva y físicamente agotadas y agotados.

"Al principio sentí que podía con todo," continua María "pero hoy todo me puede". Asiento y la miro, esperando que sienta cómo la entiendo y la acompaño, una parte de su dolor también mío.


Que sintamos que no podemos más, que necesitamos parar, que por unas horas o unos días no tenemos que hacer, no tenemos que ser, sólo aceptar que estamos agotadas y agotados, abrazarnos y permitirnos estar así, es primordial dentro del proceso.

No siempre tenemos fuerzas, no siempre somos capaces, no siempre podemos, no siempre estamos disponibles, para nosotras y nosotros mismos y para los demás. El proceso es largo y agotador, no pasa nada si un día te dejas ir por un rato y aceptas que necesitas parar y dejar que todo te pueda.

No te asustes, no será así siempre. Llegará un momento en que vuelves a levantar la cabeza y a sentirte preparada para seguir trabajando en todo lo que el duelo te ha traído. Hasta entonces, date un descanso, abraza tu necesidad de parar y dedica esos días u horas a hacer lo que sientas que necesitas hacer. Quedarte en casa sin ver a nadie. Salir a caminar por le bosque o por la playa. Escuchar música y cerrar los ojos. Llorar hasta que sientas que no puedes más y después suspirar llena de dolor.

Está bien. Estarás bien. Lo estás haciendo bien. Descansa. Te lo mereces.

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